Jugar sin riesgo es muy arriesgado
El coste oculto de hacer siempre lo mismo
Si algo tiene la zona de confort es que, efectivamente, es muy cómoda. En ella todo está bajo control y tu cerebro puede seguir en piloto automático, como lleva haciendo desde 2020. Y ojo, que eso no tiene nada de malo si lo que quieres es seguir donde estás. Ahora bien, si lo que necesitas es cambiar, crecer o innovar, vas a tener que hacer algo a lo que no todos están dispuestos: arriesgar.
La rutina protege... pero también adormece
Tu vida laboral es un bucle de tareas que llevas a cabo sin pensar. Abres el correo a la hora de siempre, respondes con frases prefabricadas y mueves archivos de una carpeta a otra. Lo haces por inercia y, sobre todo, porque esos automatismos te permiten llegar al viernes sin sufrir un colapso nervioso. Son tan cómodas que se han convertido en una burbuja donde todo es previsible. El problema es que, con el tiempo, esta esfera de confort reduce tu capacidad de cuestionar el statu quo. Es decir, que te resignas y asumes la normalidad como estilo de vida.
Cuanto más controlada está tu jornada, más plano se vuelve tu pensamiento. Estás tan cómodo que ya no buscas caminos alternativos, siendo el mayor riesgo de tu día ir al baño sin llevar el móvil contigo. La creatividad nace del caos, de la incertidumbre, de los errores. El exceso de rutina actúa como un inhibidor mental: te empuja a pensar en las cosas tal y como son, no como podrían llegar a ser.
La solución no es quemar la agenda, sino sacudirla un poco.Romper los automatismos con pequeñas acciones como cambiar la ruta al trabajo, leer un libro de un género distinto o sentarte con alguien nuevo en la oficina. Esto puede expandir tu perspectiva y sacar a tu cerebro del coma inducido. La creatividad se alimenta de la tensión entre lo conocido y lo nuevo, por lo que, si tu única novedad en el último mes ha sido cambiar el fondo de pantalla, no esperes milagros.
El miedo al fracaso es el verdadero agujero negro
A tu empresa le encanta que innoves, siempre y cuando no les hagas perder dinero. A menudo se descartan las ideas más originales porque el miedo a perder pesa más que el posible éxito, lo que se conoce como aversión a las pérdidas. Es mayor el dolor de perder 20€ que la alegría de encontrarse 20€, y mira que te encanta encontrarte 20€. Es biología pura. Llevamos miles de años huyendo de los depredadores para sobrevivir, y hoy el mayor depredador es tu mánager pidiendo explicaciones un viernes a las seis de la tarde.
En las oficinas modernas, esto se traduce en una dictadura de la perfección donde solo se celebra el éxito y cualquier error hará que todos en el departamento te señalen. Y cuando equivocarte puede frenar en seco tu carrera profesional, lo más racional es no arriesgar. Para evitar este bloqueo, lo ideal es crear espacios donde poder experimentar sin miedo y donde equivocarse sea visto como parte del aprendizaje.
¿Por qué terminamos haciendo todos lo mismo?
La respuesta a esto la tenemos en un concepto que en psicología llaman groupthink, o la tendencia de un grupo a mantener una falsa armonía antes que admitir que lo que se está haciendo no tiene ningún sentido. Esto pasa cuando falta tiempo, cuando la gente no tiene seguridad para quejarse o cuando la empresa prefiere empleados dóciles a buenas ideas.
El resultado es la falta de diversidad, porque nadie quiere ser el rarito que se sale del tiesto. Los equipos demasiado homogéneos tienden a la conformidad y ven cualquier propuesta fuera de lo normal como una amenaza. Para evitarlo, se pueden hacer cosas tan básicas como dejar que la gente aporte sus dudas por escrito antes de hablar en grupo, democratizando así el riesgo y rebajando el miedo al ridículo.
Jugar con límites es el nuevo superpoder
A menudo se piensa que ser creativo es tener carta blanca. Libertad total. Sin embargo, los mejores inventos de la humanidad surgieron por tener limitaciones, obstáculos o escasez de recursos. Por ejemplo, la cámara web se inventó porque los investigadores de la Universidad de Cambridge perdían demasiado tiempo bajando a comprobar si había café en la máquina situada varios pisos más abajo, así que instalaron una cámara que transmitía imágenes en vivo a sus ordenadores.
Lo que está claro es que, sin límites, las ideas suelen estancarse. Sin embargo, las restricciones reales, como tener la entrega antes de ayer o que no te dé el presupuesto ni para post-its alimentan la innovación. Trabajar dentro de unos límites te obliga a centrarte en lo que importa y a buscar soluciones fuera del manual. Las marcas que lideran no son las que ignoran las limitaciones, sino las que las adoptan como aliados creativos.
Lo que hicimos nosotros con opciones reducidas
Hace poco nos contactaron de Serifalaris, un festival de diseño gráfico y cultura visual en Getxo. Querían que PutosModernos diera una charla en el festival a toda costa. Y nosotros encantados. Pero había un problema: el auditorio estaba pillado.
Esto nos dejaba con dos opciones: rechazar la invitación o idear un plan B. Optamos por lo segundo y convertimos una furgoneta en un auditorio móvil. En lugar de dar la charla en la sala oficial, nos la llevamos a la calle: así nacieron las furgocharlas. Y lo que en principio era un obstáculo resultó tener algunos beneficios: las personas que pasaban por allí podían pararse a escuchar, llevarse un producto nuestro y seguir su camino.
De esta forma, no solo superamos el reto de adaptar el contenido a blocs y pósteres gigantes, sino también la dificultad de captar la atención sin pantallas, vídeos y estímulos digitales. De ahí salió la frase que da título a este artículo: "Jugar sin riesgo es muy arriesgado".
Más que una "acción de marca", fue un experimento sobre lo que te hemos contado:
☞ Rompimos la rutina: salimos literalmente de la sala, nuestra zona de confort.
☞ Aceptamos el riesgo de quedar como raros: convertimos el miedo en energía y la calle nos regaló conversaciones inesperadas.
☞ Evitamos el groupthink: no pedimos permiso a un comité para ser "diferentes"; improvisamos con rapidez y un equipo pequeño.
☞ Exprimimos las restricciones: la falta de escenario nos obligó a inventarnos uno con ruedas, lo que generó nuevas oportunidades y situaciones interesantes.
El experimento de las Furgocharlas fue sobre ruedas, y la prueba de ello son las siguientes imágenes / el siguiente video:
Vale, pero... ¿por qué te debería importar?
Porque si trabajas en una oficina, un estudio o como freelance, el riesgo controlado no es un capricho, sino una herramienta de productividad. La creatividad no es un adorno para campañas "cool": es la forma de resolver problemas cuando la planificación fracasa. Y resolver problemas es lo que te pagan por hacer.
Recuerda:
☞ Romper rutinas abre perspectivas.
☞ Perder el miedo al fracaso te permite intentar cosas nuevas.
☞ Desafiar el conformismo rompe el bucle.
☞ Usar las restricciones como brief multiplica la innovación.
O, dicho de otro modo: mantenerse en la zona de confort es el mayor riesgo de todos.
Por cierto, habría que ir buscando alternativas a la expresión “zona de confort”, que ya se siente demasiado cómoda.